lunes, septiembre 21, 2009

En verdad, hoy hubo algo distinto en el juego.

El juego de hoy sucedió algo distinto a los anteriores. Que las estadísticas influyeron en la mentalidad del juego, no lo puedo asegurar, pero me pareció que creímos posible la victoria. Yo la creí. Escribo, sí, porque de mi parte no fue un buen juego. Al segundo cuarto, sentía que el corazón se me iba a detener, y la prudencia me recomendo jugar más despacio. Aunque de por sí, mi juego no es rápido naturalmente. Pero hubieron otros que, posiblemente su corazón también se sintiera estallar, pero no flaquearon. Desde los primeros minutos Carlos se lanzó a la pelota y anduvo con una rodilla ensangrentada por el resto del juego, y además, tuvo lances que ya quedaron en la memoria, al menos en la mía, tan dignas de un mundial. Porque yo ví que protegía, no solo la portería, sino los alrededores, y salía, cómo algunos porteros sudamericanos han hecho, aguerrido, como el patriota que se ofende cuando invaden su tierra. Ahí hubo alguien entregado al juego. Y así otros. ¿Quién no se percató del respeto que impuso Miguel Ángel, desde el comienzo también? Los contrarios lo pensaban dos veces antes de intentar pasar al hombre alto con barba y cabello largo. En ocasiones eso es suficiente para debilitar al contrario. Y de Fer, otro ejemplo, que colocó excelentes pases, y bien podía estar defendiendo el terreno propio y atacando la porteria de los otros, me atrevo a decir que su ánimo tampoco decayó. El infatigable Alex, que tan sereno se veía al final del juego, me pareció que podía seguir jugando, motivado por algo que me es ajeno, quizá por el simple gusto de pensar al final: "las intenté todas". Su conciencia no puede estar más tranquila. Por último, Héctor. El nombre de por sí ya grande, inmortalizado en la literatura por Homero, va con la entrega de nuestro delantero. Ya por el último cuarto, pensando que si no se acababa, mi corazón en verdad se me iba a salir, me avergonzaba al ver, tan lejos, a Héctor intentando, él sólo, encontrar la oportunidad de hacer pasar la bola de la línea blanca que marcaría un gol.
Hoy fué un excelente día, y esos cincuenta minutos, o los que hayan sido, bordearon la belleza del deporte por estudiantes que tan diversas ocupaciones tienen, pero que poseen la cualidad de ser sensibles a la grandeza que con una pelota se puede lograr. En verdad, hoy hubo algo distinto en el juego.

Joel Isaac Banderas