Non sense
Que pensarías si un día te encuentras en el mar y súbitamente se sale de la borda una camisa bien ceñida de cedros y coníferas bailando al son de un compás muy reluctante, como si no quisiera en verdad deslizarse por los encantados vayes de la montaña de fuego. Eran apenas las 12, pero ya se sentía el viento helado y coratnte que caracteriza a los atardeceres, y como si nunca le hubiese hablado salió con la frente en alto, pero sabía que en su interior algo había cambiado, y sabía que no volvería a donde antes, a ese lugar donde el sol se esconde, donde los pájaros son libres, donde los hombres no saben si van o vienen, sólo saben que deben hacer lo que hacen y lo hacen porque así les place.
El número estaba seguro, no fallaría esta vez, aún así tomó sus precauciones y cerró bien la puerta antes de salir, por eso de las mandrágoras y los ocelotes alados. Se recostó en la cama con un aplomo pocas veces visto y continúo hasta que la vió pasar. Vestía jeans y una blusa blanca, todo quedaba perfectamente enmarcado en su cabello negro. Él le preguntó su nombre y ella se lo dijo. Para entonces ya había pasado más de un año, y las cosas como siempre dinámicas.
Un tren cruzó por la tienda de sus abuelitos, como cada mañana, pero esta vez se subió en él y no se bajó hasta pasadas 3 horas. Llegó a un lugar muy bello, con un aire tan fresco y natural, parecía que había abandonado Toledo, pero para su sorpresa se encontraba a unos cuantos kilómetros de ahí.
Siguió caminando y descubrió que no toda flor era igual, e inclusive encontró el cincel que estaba buscando hacía meses para reparar el viejo marco roto de aquella vez, el único recuerdo que le quedó, pero en vez de repararlo lo guardó en un baúl y le puso llave, y la llave la cogió entre sus manos con tanta fuerza, con un semblante pocas veces visto, se aferró a ella como si nada más importara y luego con todas sus fuerzas la lanzó tan lejos como pudo adentro del lago. Ahí quedaría para siempre, el baúl estaría guardado y con él los recuerdos y misterios que ahora guardaba.
Pasaron los siglos, incluso miles de años, y el baúl quedó ahí en la inmensidad de la nada, nadie lo abrió ni lo abrirá... Entonces él que ahora habitaba en el paraíso entendió que no fue por el acto, sino por la forma de hacerlo... No la encontraría otra vez, en su ausencia inventó infinidad de artefactos de la más ingeniosa concepción, pero al final no supo qué hacer.
Como vió que ya nada valía la pena decidió no seguir, no tenía sentido seguir así, entonces cogió un montón de globos llenos de helio y los sujetó muy fuerte, comenzó a elevarse y ya nadie volvió a saber de él.
Fin

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